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Nueva York – Es muy difícil saber a ciencia cierta lo que la gente hace en su intimidad. Si se toman en cuenta los relevamientos que aseguran que nacen más bebés entre agosto y diciembre que durante el resto del año se puede calcular que la actividad sexual de esas parejas fue más intensa nueve meses antes, es decir, entre enero y mayo. En realidad, los meses de mayor natalidad varían según el año. Las listas de reservas en las maternidades estallan en septiembre, octubre y abril, con lo cual, contando nueve meses hacia atrás, el puntero señala los meses de vacaciones, tanto de invierno como de verano. Claro que esto no necesariamente indica que hay más sexo en esos meses. La realidad es que en esos recesos las parejas, por cuestiones relacionadas con la planificación del año laboral, deciden dejar el método anticonceptivo para quedar embarazadas. En España, también septiembre y octubre son los meses con más nacimientos (cuando diciembre y enero son allí los meses más fríos del invierno) y esto parece darles la razón a quienes descreen que el verano sea invariablemente “la” temporada para el sexo.

Del mito a la verdad

Cientos de artículos periodísticos aseguran que la vida sexual es mucho más intensa en verano que en los meses más fríos del año. El sol, además, activa la producción de oxitocina por las células de la piel, y eso, asegura la literatura científica, fortalece los estímulos placenteros.

Así, parece no quedar duda de que el verano es más excitante. Pero suele pasar que el espejo, o la pareja (que además está preocupada por el dinero que están gastando), o los chicos que reclaman permanente atención, o los problemas cotidianos que ni en vacaciones dan descanso o la salud de un cuerpo que ya no es el de los veinte, perturben esa imagen idealizada del verano como “la época más propicia”. Y muchos se preguntan, apretando los dientes: “¿Quién dijo que hay más sexo en verano y en vacaciones?”

El valor del momento

La actividad sexual depende de muchos y muy diversos factores. Independientemente de que se diga que el verano es “la” época, lo importante es el momento personal que se atraviesa. Por ejemplo, estar en el ámbito más sensual o excitante pero con una relación de pareja quebrada seguramente no dará buenos resultados.

Otra “trampa” es querer tener todo el sexo que no se tuvo durante el año laborable. No hay que olvidar que las vacaciones suelen conllevar su propio menú de actividades y situaciones que no siempre dejan tiempo ni ocasión para la intimidad: realizar excursiones, convivir con toda la familia en un ámbito más reducido que el cotidiano, salir a comer, estar más cansado que de costumbre, organizarse para ir a la playa, entre otras.

En las vacaciones, también, los padres suelen pasar con sus hijos más tiempo que de costumbre. Eso hace que no siempre el verano sea, para las parejas con chicos, el mejor momento para tener relaciones. La convivencia más intensa, además, favorece la emergencia de los conflictos que la rutina ayudó a disimular.

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